
La fotografía ha llegado a ser el útil de todos que sólo unos pocos
convierten en arte. Jesús Botaro se halla entre los elegidos. Destacar es
seguramente más difícil que nunca. Desde los mismos móviles, la gente ha
terminado por llevar cámaras como si fuera parte de su atuendo. Y el mundo es ya
un inmenso archivo de señales sobre su realidad diaria, con revelado inmediato,
una constante vocación de recuerdos, una aspiración total de permanencia, un
ánimo global de fijación de nuestra vida y un gigantesco baúl de los recuerdos
cargado de instantes. Todos han decidido atrapar sin descanso la existencia. Si
hasta ahora se decía que todo ser humano es un animal político, igualmente se ha
demostrado que llevaba dentro un fotógrafo.
Pero Botaro está a años luz del pasatiempo y habita la zona especial de la
emoción, el lugar extraordinario del creador.
Hoy presenta en la Casa del Libro, en Sevilla, su Taller Fotografías de
Viajes. Y el acto es una especie de cuenta más que sumar a un rosario de éxitos
que le avalan desde hace ya mucho tiempo, precedido en estos momentos por su
nombramiento –certificado lo llaman- Ciudadano de Honor de Chefchaouen,
Marruecos.
Fue allí donde el pintor Mohamed Hakoum provocó el nacimiento al arte de
Jesús Botaro. Hoy es un inclasificable fascinante que ha hecho cruzarse los
caminos del reporterismo y la creatividad, los del puro testimonio y la belleza.
Botaro es el exponente más definitivo de un largo rastro azul de Marraquech, de
colores de agua en la atmósfera más intensa de lo cálido, como si llevara
siempre la intención de un oasis en medio de lo tórrido. Es el fotógrafo de la
serenidad y la calma.
Habla de Mohamed Ben Maimoun como de su hermano en Marruecos, que es una
manera rotunda y sanguínea de aludir a una vinculación fuerte con la tierra y
los sitios que lo han ensimismado. A veces, los lugares escogidos por un
fotógrafo pueden hacerle sucumbir en sus propósitos, como si lo elegido viniera
grande, desmesurado a su alcance, frustrado a sus pretensiones. Pero Jesús
Botaro iguala su ingenio al hermoso y enigmático país que describe. Y obra el
prodigio de hablarle de tú al mismo tiempo que la confianza no deja de
asombrarlo.
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